domingo, noviembre 29


eres una duna en el desierto
y por eso, en cierto modo,
no existes

cuanta vanidad cuando te sueñas y dices que eres
y te aferras a tu arena
cuando tus granos son del viento

¿quién es el que habla,
el que dice que piensa y luego existe?

"el hombre es el final de la noche
y el principio del día"

martes, noviembre 24

un discurso de despedida

Todos los ciclos se cumplen. Las estaciones dan todo lo que pueden dar de sí, y luego mueren. La herida inflingida espera largo tiempo abierta, pero casi siempre el tránsito de las horas hace lo suyo y la herida se cierra. No se desvanece en el olvido el capullo sin que antes vea florecer sus mejores años o sus preciosos frutos. Todo tiene su hora y su edad.

¿Qué día es hoy? Casi siempre, los hombres pasan por la vida sin saber que pasan. El hábito convierte en trivial la sonrisa auténtica, irremplazable, perdida en un mar de indiferencia. La costumbre de repetirnos en la misma rutina nos hace pensar que esto que vivimos, aquí y ahora, durará para siempre. Y pasamos así por los momentos, corriendo a toda prisa por las calles de la vida, sorteando obstáculos que nos parecen inmensos, todo por llegar a ese momento en el porvenir incierto, en el que podremos, por fin, disfrutar de la vida. Cuando podríamos hacerlo ahora.

¿Qué día es hoy? Hoy es el día en que se cumple un ciclo para ustedes. Una larga jornada que son los años de crecer y adolescer, ha dado todo lo que tenía que dar de sí, y ha llegado a su fin. Hasta aquí, han viajado acompañados, de la mano de su familia, de sus profesores, de sus amigos. Pero de aquí en adelante, el viaje se emprende solo. De a poco, dejarán el nido en el que crecieron, y de a poco, se harán grandes y volarán por su cuenta. No es gran cosa ser adulto, pues aunque a veces la vida sea remanso, la incertidumbre no deja nunca de ser parte de la existencia del hombre, y nada se aprende sin algunos costalazos, y sobre todo, nada se gana si no es con mucho trabajo. Y sin embargo, ustedes añoran la libertad. Una extraña ansiedad los invade, como un niño frente a una puerta desconocida y secreta. Pero ni aún el oráculo más cierto conoce la ruta irrepetible que sólo ustedes conocerán. Nadie repite el camino simplemente porque no hay un camino: cada paso que den será nuevo, y cada oportunidad será irrepetible. No pierdan la oportunidad.

Así, reunidos como ahora, es como se cumple esta jornada. Observen esos rostros que los rodean, miren en los ojos de los que hasta aquí estuvieron con ustedes. Miren a esos ojos y conserven lo mejor que encuentren en ellos, porque así, como ahora, no los volverán a ver. Algunos seguirán con ustedes, por rutas paralelas, y sabrán de ellos de cuando en cuando, sus peripecias, sus aciertos o sus fracasos. Pero serán menos de los que ustedes piensan. Así, reunidos, es como compartieron en el estudio, en el desorden, en la risa, en la tristeza. Cuántas veces esos ojos estuvieron con ustedes, en la complicidad, en la simple torpeza o en el esfuerzo común. Quizá tantas otras veces faltaron cuando pudieron estar, pero si miras profundo en ellos, descubrirás que también detrás de esos ojos hay un ser frágil, un ave que no sabe a donde ir ni cómo hacer. Y cómo tú, aunque mucho desean, ignoran también lo que viene a continuación.

El reloj marca la hora en punto, y en seguida comenzará el próximo capítulo. Que la prisa no los pierda en los senderos irreparables, pero que disfruten de la vida, sin olvidar que su verdadero fruto es el presente. No se desvelen inútilmente por lo que no ha sido todavía, ni se aferren a lo que ya fue, pues nada nos pertenece verdaderamente. Aprendan que las cosas que amueblan nuestra vida son del viento, y que, como decía el Principito, lo esencial es invisible a los ojos.

Ningún otro consejo les podría dar antes de que emprendan el viaje, pues sólo el tiempo enseña. A nosotros, como profesores, nos gustaría pensar que seremos recordados, y que hemos dejado algo de valor en su ser. Pero bien sabemos lo que pasará después de que se vayan, y no estaremos para cuando cosechen los frutos de su propia labor. No olviden, sin embargo, donde estuvieron y de donde vienen, y hagan cuanto puedan por dejar otras semillas en los que vendrán detrás, así como nosotros intentamos hacer con ustedes. Den pasos firmes, pero si se equivocan, empiecen de nuevo, y nunca se queden en el piso si se llegan a caer. Trabajen y pulan sus manos en el trabajo. Pulan sus corazones. Aprendan porque nunca se deja de aprender. Amen con todo su corazón, y abran bien los ojos, porque la luminosa felicidad no toca a la puerta todos los días.

Ha llegado la hora de emprender el viaje. Miren hacia el este porque por allí nace el nuevo sol, cargado del fruto granado de nuevas alegrías y nuevas lecciones. Avancen ahora, sin miedo. Las puertas de su colegio los despiden, y el mundo enorme se abre para ustedes. Leven anclas y avancen porque sólo queda avanzar, más allá del horizonte, hacia donde nace el nuevo día. Avancen, mientras nosotros los vemos partir desde la orilla, hacia lo que sólo ustedes serán. Fuerza y valor navegantes, sea con ustedes la felicidad.

Hasta siempre.

sábado, noviembre 21

hay un sendero
el resto son bosques

el sendero no es uno
pero es uno el sentido de todos los caminos

no avanza ni no retrocedece
es inmersión
es ascenso y descenso

despierto y me veo descalzo
como un sonámbulo que despertara en seco a mitad de una carrera loca
sin saberme ni cómo ni en donde

entonces, un fulgor se trasluce a través de todas las florestas del mundo
como si todo el hormigón que amuralla las ciudades
no fuese más que cristal empañado
y desde allí, desde un centro que es un pixel en el medio de mi corazón y el núcleo que anuda a todas las cosas
me llama y me conduce


queda avanzar
no vale quedarse en el mismo sitio

sábado, noviembre 7

memoria de un rito



Aquella noche, las palabras del anciano en medio del bosque habían sido: "estás aquí, existes". Sostenía un espejo, y sólo brillaba una hoguera en la ausencia de la luna. Medio día de un errar descalzo sin sendero entre los árboles, para llegar hasta su centro y escuchar esas palabras, mirándose a los ojos, cansado, frágil y asustado en un cristal empañado. Todas las calles del mundo y todas las palabras pronunciadas quieren llegar hasta el lugar. Los primeros pasos de los niños y el transitar atareado de los oficinistas caminan en ese sentido, hasta que lo pierden y se pierden en su periferia perpetua. Y sin embargo, el viejo había sabido guiarlo sin hesitar hasta el claro. Sin método y sin un plano, había encontrado el último lugar sagrado del mundo, en el que el inefable todavía habitaba. No hay brújula que conduzca a expedición alguna hasta ese templo, porque sencillamente ya no existe.

Recuerda la tierra entre sus dedos sin zapatos, y sabe que hubieron grillos y aves misteriosas durante la madrugada. De vez en cuando, mientras se sumergía en su centro, el abuelo entonaba canciones incompletas que hablaban de cosas simples. Alguna hablaba de niños que iban temprano por la mañana camino de la escuela. Otros versos eran extraños: "del fondo de un caracol, una culebra saldrá" - y luego la serpiente salía a comer los campos de las tierras del más allá.

Con el alba, el tiempo cumplió con su ritual, y sin embargo, era nuevo. El fulgor de la luz fue recibido como el primero, y entre lágrimas vio a la enredadera abrazarse a un cerezo, la vida en ellos una sola. Con los rayos del sol, salió a correr y comió del fruto dulce de los árboles del huerto. Todo fue simple, y las complicaciones de los hombres se mostraron absurdas. Una corbata no era más ridícula que rezar todos los días, y hasta los valores más nobles eran un chiste. Tal era su alegría, que apenas escuchó cuando el viejo le decía que no podría conservar este momento, pero que podía chapotear en el río. Así que se sacó lo que quedaba de su traje, y se sumergió en las aguas más frescas que han habido en el mundo.


Sonríe cuando evoca esos días. Pero la sonrisa es agridulce: ahora, desde la distancia, sólo recuerda imágenes, escenas y símbolos que no entiende. Ningún esfuerzo de la memoria puede hacerle sentir la emoción sobrecogedora y total con la que se arrojó de cabeza en el río, la lucidez imposible, la claridad plena que sólo en esos días sintió. La palabra era "ahora", y de algún modo, sabía que en ella había un secreto y una llave. Que lo que le angustiaba en el presente, en su estéril afán por evocar lo incomprensible desde una ventana que miraba al atardecer, se resolvería cuando descubriera de nuevo ese secreto.

Además de un recordar inútil, sólo saca en limpio algunas conclusiones pueriles. Como que ser una persona exige comprometerse con expectativas, memorias e ideas, así como la preferencia injustificada por una clase cualquiera de costumbres, y desde allí, el derecho inalienable de ser el individuo que se desee ser. "En ello descansa la libertad"- se dice, y el intelectual se cruza de brazos satisfecho cuando llega a esa conclusión.
"Pero hay algo distinto de ser una persona. El problema es que seguir ese camino, si no lleva a la contemplación crística, conduce a los institutos psiquiátricos".


Pero entonces, ¿qué es lo que trata de recordar?
Es inútil. Es como un jarrón roto, del que sólo queda mirar sus piezas e imaginarse como iban juntas. Y es curioso, porque durante la jornada del asombro, el viejo también había dicho "rómpete a tí mismo como un espejo". Y entonces su ser se había fracturado por completo, como si el martillo contra el cristal lo liberara de su envase, mariposa que vuela más allá de su crisálida.

Pero recuperar esa frase no reúne las piezas. Se mira las manos. sabiendo que la materia de sus dedos continúa en los átomos más allá de ellos, pero eso ya nada significa para él. Así, después de algunos años, prefiere no perderse en semejantes soliloquios, como quien evita ingresar a un laberinto sin centro.

Por las noches, a veces, sueña todavía con la voz del viejo diciéndole que el secreto está entre los árboles, o con raíces antiguas que descienden por las escaleras de su casa. Pero cuando despierta ya no quiere saber a donde llevaban.