sábado, diciembre 27

En Los Trabajos y los Días, narra Hesíodo el mito de las edades, el relato de cinco razas de hombres, a la última de las cuales pertenecería el inspirado rapsoda. Los hombres de oro, hijos del tiempo (Cronos), habrían sido aquellos que, como ningún otro después de ellos, vivieron como dioses, sin sufrimiento, injusticia ni enfermedad. Después de ellos, las razas no hicieron otra cosa que degradarse. Los hombres de plata, aquellos que se negaron a rendir tributo a dios alguno y que a pesar de su nobleza, no soportaron que Zeus acabase con ellos para siempre. Los hombre de Bronce, terribles y vigorosos, y que aún así también murieron. La edad de los héroes, la mayoría de los cuales murieron en Troya, mientras que otros aún habitarían en las lejanas Islas de los Afortunados. Y por último, los hombres de hierro, imperfectos y "de voz articulada".



¿Cuando fue que nos convertimos en hombres de plástico?
¿Qué Dios acabará con nosotros?
¿Quién escribirá nuestra epopeya sin héroes ni honor ni gloria?

la última jornada de los hombres de plástico



















en los últimos días de la jornada del hombre
el trabajo fue abandonado
las industrias se detuvieron
y arrepentidos volvieron hacia la ausencia del lugar primero
en que alguna vez habitaron

a la tierra viva de la que subieron
y que ahora agonizaba con ellos



demasiado tarde volvieron a casa
y allí, solos y enfermos
murieron los últimos descendientes de madre y padre


el polvo tuvo lugar
y la falta de palabras
de juegos
de contiendas
de discursos, mentiras y asambleas

y desde entonces y para siempre
no se volvieron a subir los precios en los almacenes
ni hubieron disputas por la legislación del azúcar
ni se separaron los hermanos por sus convicciones religiosas

abrazados todos en el olvido de los cementerios
las ruinas y las ferreterías vacías.


[imágenes extraídas desde: http://www.abandoned-places.com/thumbnails.htm ]

martes, diciembre 16

Nietzsche y la Locura

Friederich Nietzsche es uno de los filósofos más incomprendidos de la historia, fundamentalmente por lo disperso de su estilo, por la pasión desmedida en muchas de sus afirmaciones, por su desprecio radical hacia aquello que no corresponda con su extraordinario ideal de lo que el hombre debería ser (o dejar de ser). Pese a ello, su perspectiva es tremendamente rica en más de un aspecto, pues aunque no es sencillo coincidir con algunos de sus puntos de vista, no deja de ser interesante su crítica demoledora de todo lo que se ha dado por sentado en nuestra cultura. Lo bueno, lo normal, lo bello, lo razonable son categorías que son desmanteladas a martillazos, al punto de desechar a toda la filosofía por ser un montón de ideas que sencillamente dan la espalda a la vida misma, una gran farsa ideada por aquellos que han sido demasiado débiles como para gozar de la plenitud de la existencia, y que por resentimiento han terminado por crear un mundo fantástico de abstracciones que compensan su propia inferioridad.

En honor a este pensador, cito algunos fragmentos notables:


“Si no hubiese habido en todas las épocas muchos hombres que rindieron culto a las disciplinas del espíritu, a la razón, y las miran como deber y virtud, hombres a quienes ofende y humilla todo lo que sea fantasía y exceso de imaginación, como decididos partidarios que son del sentido común, haría ya mucho tiempo que habría desaparecido la humanidad. Por encima de ella se cierne de continuo, y es el mayor de los peligros que la amenazan, la locura, dispuesta siempre a manifestarse y que significa precisamente la interrupción del capricho en los sentidos, en la vista, en el oído, el deleite en las orgías del espíritu, el goce que produce la sinrazón humana. No son la verdad y la certeza lo más opuesto a la locura, sino la unidad en las creencias y la obligación de discurrir todos de la misma manera, o lo que es igual, la exclusión del capricho enb los juicios. El mayor de los trabajos realizados por la humanidad ha consistido en ir poniéndose de acuerdo sobre muchas cosas y promulgar una ley de conformidades, sean verdaderas o falsas las cosas sobre las cuales versa dicha ley. En esto consiste la educación del cerebro humano; mas los instintos opuestos son todavía tan poderosos que no se puede hablar del porvenir de la humanidad con mucha confianza [...]”. (Esto hace necesaria la tontería virtuosa.)

["La Gaya Ciencia", #76 “El Mayor de los peligros”]


"En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la Historia Universal: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos."

["Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral"]