viernes, febrero 29









The Spotless Mind

No puedo dejar de traer a colación esta escena. Lo que está en juego no es solamente, por supuesto, el proceso de borrado de una memoria en función de una relación dolorosa, sino el valor de la memoria en sí misma; pero también, quizá más que esto, la huella y el peso del inevitable devenir, del pasar del tiempo. Es también, además, la anticipación a la mortalidad de las cosas. Y es que, inevitablemente, este momento, por feliz y preciado que sea para mí ahora, pasará, y será entonces sólo recuerdo. Y a partir de allí, olvido.

Esto, comprendido con todas sus letras puede sugerir una visión negativa, pesimista de la vida, semejante al existencialismo que afirma que el mundo no tiene sentido, que todo proyecto está condenado al fracaso, que todo muere, que la felicidad no dura y que el infierno son los otros. Y sin embargo, la clave está en el primer diálogo de esta escena: estamos aquí ahora, y más todavía estamos. Pues es eso lo verdaderamente enigmático: que haya mundo, que exista la vida, y que yo esté aquí.

Mientras viva, no debería olvidar esto, como no olvido lo que he sido. Importa el presente.








Como en "Citizen Kane", en que el personaje, antes de morir, evoca lo más apreciado y querido en su vida, el recuerdo de su felicidad más plena en toda su existencia: su primera infancia; así mismo vuelve en "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" Michel Gondry.

El retrato de esa evocación es sobrecogedor.