domingo, octubre 14


La Nada es la ausencia de todo significado. Lo Impensable.
Si lo que denomino Realidad, Ser, Existencia, no es más que la representación que, merced a mi finita condición y a mi voluntad de significado, me hago de ella, entonces lo otro, la cosa en sí más allá de su estar-representada por este que soy, es la Nada. 
Mis seres queridos, los lugares que transito, los objetos a los que mi atención se dirige, permanecen desconocidos y ajenos en cuanto a lo que ellos sean primariamente, antes de su aparición en mi conciencia. No estoy diciendo que haya una esencia, una substancia que descubrir en ellos: no es absurdo el que sean tan indeterminados como yo mismo. Pero hay algo en el mundo que no soy yo - donde ese "algo", lo otro, es infinito. In fi ni to.
He aquí entonces el esfuerzo de la voluntad de significado: el de alcanzar lo otro, testimoniar la otredad, y así, trascenderse. El amor es trascendencia, el estremecimiento de una otredad fascinante y abierta, el corazón de lleno en el misterio. La experiencia religiosa auténtica es trascendencia, el arrebatamiento del espíritu por lo absolutamente otro, y así la aniquilación del ego. La mescalina es trascendencia, desnudez de la consciencia, el retroceder de todo paradigma y con ello, el testimonio de lo familiar como desconocido, el asombro y el irradiar de la nada.
Experiencias, senderos y palabras. La esperanza, la convicción de la Nada. Arrojada la voluntad hacia adelante, hacia sus esfuerzos menudos, a la entrega en sus afectos, senderos y decisiones tomadas por la fe en lo impensable. 

Y sin embargo, el transitar dormido, la rutina en el pensamiento y así en las costumbres, cierran todo acceso a lo impensable. 
Sordamente, piensas: "Temo no ser, constatar mi propia ficción". Lo Otro es la amenaza de tu muerte.

Pero la muerte es condición de todo renacimiento.