jueves, marzo 8

Saturno el Niño.

Saturno el niño jugaba en los pastizales verdes a pampa y chacai en una pradera perdida en una ciudad del pasado. Vociferando y corriendo sin pausa tras su hermano Matías el menor, con apenas cuatro años, uno menos que él. Corre tras él, con mirar no menos malicioso que inocente, ansioso e incansable hasta capturarlo por el cuello. Y en un sólo ademán son una masa inquieta en el suelo, bracitos blancuchos que se empujan a risotadas y manotazos improvisados y ligeros. Saturno el niño, sin siquiera pensarlo dos veces, se sube de un empellón sobre Matías el menor, y le hace comer con júbilo el pasto agusanado que hubiese tomado a manos llenas del césped pisoteado en esa loma que yace hoy bajo casas repetidas como lápidas y enrejados mal pintados.

La madre encolerizada castigó esa tarde por eso a Saturno el niño. Y tuvo él que contener sus pequeñas y dolidas lágrimas, para que sus primos no se rieran porque sólo ellos podían comer del kuchen de la abuela esa tarde.


1 comentario:

Anónimo dijo...

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