domingo, noviembre 5

r e v o l u c i ó n c o p e r n i c a n a


No es el mundo el que se mueve. Soy yo el que, en su desasosiego, sus laberintos, hace que todo se vuelva obscuro. Lo vacío como categoría no existe, sino que es mi propia sombra la que se proyecta sobre cuanto percibo. Soy yo el que se pudre y se consume y ve así al mundo morir, la flor caer, el presente retirarse inexorable, infundado e inútil.

Y aquel sentido del mundo, su necesidad y por ende la justificación de sí, son espectros arbitrarios que emanan de este espíritu . . . Cualquier trascendencia o comunicación parece imposible de forma efectiva . . .

Y entonces mis manos no tocan ni ven lo que son, sino apenas mi reflejo . . .

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