sábado, septiembre 19

invierno




Distante de la luz solar, intento subir hasta tí a través de mi invierno. Mas apenas logro dar con el sendero. Extraviado, se vuelve niebla la claridad diurna que otrora me hiciera percibir lo que concebí como verdad purísima, lucidez cristalina y las piezas del rompecabezas unidas todas bajo un sentimiento sin nombre, demasiado grande para el corazón de un hombre.
Supe que tendría que volver a mi casa, portando cual Prometeo una luz encendida en mi corazón, para así distribuirla entre mis iguales. Sin quererlo realmente, conduje mis pasos y bajé la escalera, obediente a la conciencia de lo que entendí sin dudar como necesidad, deber y urgencia.

Pero héme aquí. Cerré la puerta tras de mí y habité como los hombres. He gastado mi voz y mis manos, y poco es lo que he ganado. ¿Es muy mezquina mi queja? Sé bien que no es para mí la obra, mas mi corazón se desgasta y el fuego se apaga. ¿Dónde es que tenemos ir? ¿Qué era lo que tenía que hacer? Guardo en mi ser el mandato, pero ya no sé si lo entiendo.

Por las mañanas, despierto y me pongo mi traje para volver al mundo. Me pongo mis emociones, mis ideas, mis experiencias, mi forma particular de enfrentar las cosas, mis modos de relacionarme con la gente. Y es un traje que me pesa. Pues aún por unos instantes, logro recordar que no soy todo eso, o que cuando menos hay algo o alguien que incluso si yo, esta versión encarnada de un espíritu, muriera, sobreviviría. Segundos después estoy lavándome los dientes en mi uniforme.

Como ves, de vez en cuando deliro. Me duele pensar que me hablo a mí mismo, que le hago preguntas a las paredes y que mis esperanzas son equivocadas. Y en consecuencia siento frío y miedo. Porque entonces significa que estoy solo, y que he decidido caminar hacia la nada y el vacío. Me duele, ¿no lo ves? Porque me doy cuenta de que busco signos y puertas, y de que los encuentro, es cierto, pero sólo porque yo quiero que así sea. ¿Es así como debe ser? Porque si no es así, entonces deberé apagar la vela y olvidarme de este asunto. Volveré con mis hermanos, y entonces si estaré perdido. Porque ya no recuerdo como se vive de esa manera, cómo se gozan los días sin pensar en una tarea más grande, o cómo se dejan de lado las preocupaciones mayúsculas y ajenas para sólo salvarse uno mismo.

¿Hasta cuando he de encender esta vela?

1 comentario:

Sara dijo...

A veces es inevitable colocarse una máscara para enfrentar el mundo, pero así pierde la esencia personal...

Nada de lo que uno ve es real, a veces detrás de una máscara puede esconderse todo un mundo... diferente a lo que uno creía.