viernes, marzo 21, 2008

Caín & Abel

Revisando entre escritos pasados, he encontrado esto, una serie de tres poemas (lo cual no me hace poeta ni pretendo alardear de tal), un poco acerca de la violencia y el fratricidio (que en sentido estricto comprendo como la violencia contra cualquier otra persona). Se llama Caín & Abel, escrito el 2007. Nada más que agregar.


Caín.


Por vez primera
el hombre contra el hombre
alza su mano
y entre sus dedos hay una piedra.

¿Qué es una piedra?
¿Qué es un hombre?

El hombre no se lo pregunta
y esboza un gesto.
Traza un ángulo y una curva
y una figura se mueve a través del espacio vacío.
Es espacio vacío lo que media entre el hombre y el hombre.

La piedra cae sobre su propia frente.

El gesto no es el movimiento de una piedra arrojada en fratricidio.
Son palabras.
Y entonces decir y arrojar son lo mismo.

Decir que hubo dos hombres es igual a decir que era sólo uno.

Y entonces la piedra son palabras arrojadas sobre sí mismo
y trazan sobre su frente un ángulo y una curva que serán una marca.

¿Qué es un hombre?
¿Sobre qué hombre ha caído esta piedra?

Marca indeleble que es ocasión de pregunta sin respuesta
el gesto del hombre contra el hombre
como piedras sobre espejos
o letras sobre papel.

Como serpientes que se muerden a sí mismas.


* * *

Caín o Abel


Nunca hubo una piedra ni hubo el hombre.

Dios-Artífice se sueña a sí mismo alzando su violencia contra su hermano.
Se mira en sus ojos
y el reconocimiento de sí traza una herida en el otro que es él mismo.

Lo llamaba Abel.

Lo que emana de esa carne no es sangre porque eso es una palabra.

Dios-Artífice siente entonces algo muy distinto antes y después del gesto irreversible.
El después transcurre más angustioso y lento que el antes.

Cuatro extremidades se anudan a un cuerpo que yace inmóvil en el suelo.
En algún punto está la herida que mana algo aún tibio y rojo.

Se llama a sí mismo Caín,
y desde esa piedra en adelante
su nombre se asociara a lo culposo, odioso y marginal.

Dios-Artífice prefiere despertar.
Entre sus dedos guarda una piedra,
y algo aún tibio y rojo mana profuso por sobre sus ojos.
Tendido en el suelo, no recuerda su nombre y está solo.

Y Dios-Artífice no existe más que en la mente de un solo hombre.

Caín o Abel,
¿a quién pertenece este sueño?


* * *


Abel

Será Dios y no el hombre el que arroje la piedra sobre el hombre
para probar con una herida sobre mi frente
que Dios no existe.

Y más tarde, lo mismo será la piedra que el cuchillo o las palabras.

Caerá sobre sí mismo en ese espacio vacío que es el tiempo
y el después siempre será más angustioso y lento que el antes-de
porque la piedra no puede volver sobre sí misma
como el agua que se redime al volver a su fuente.


Y lo mismo será la sangre que las lágrimas o las palabras.

Como serpientes que se muerden a sí mismas
como ficciones desordenadas que narran mi muerte
como letras sobre papel
o piedras sobre espejos

merodeando la tierra entre los dedos de la cólera del que no se pregunta
por qué el hombre se vuelve contra el hombre
el gesto inconcluso repetirá su forma
hasta que la tierra vuelva a tragar mi nombre
y mi carne y la piedra y su herida y la pregunta se disuelvan en lo que no puedo decir.

Harold Budd & Robin Guthrie, "After the Night Falls", 2007.


Hace algunos días quise compartir la primera de dos partes de un proyecto (quiero usar la palabra sublime) realizado a través de Darla Records, por Robin Guthrie y Harold Budd, "Before the Day Breaks". Ahora es la oportunidad de su continuidad, su complemento, "After the Night Falls". Si en la primera parte se trataba de evocar el concepto del salir del sol, el renacimiento de la vida, la reanudación de los ciclos, aquí de lo que se trata es de su antípoda arquetípico, el crepúsculo y el morir del día. Vale notar, en ese sentido, el título del primer track del disco - literalmente, cuan distante tu corazón -, en contraste con el nombre del primer tema del disco anterior, cuán cerca tu corazón.
No será una pérdida el aventurarse en este par de placas, minimalistas e introspectivas, lo cual no necesariamente ha de evocar melancolía o tristeza, sino más bien - es la opinión de quien escribe -, conducirnos a un viaje interior, que llevado hasta el final, sólo puede mostrar luz.

Saludos y buenas vibraciones.

Aquí el disco (que si pueden comprar, mejor todavía).

http://www.mediafire.com/?b2dm0lyvyyn

domingo, marzo 16, 2008

a la manera de un Elvis.

Pienso en aquel mito griego, el de Icaro, hijo de Dédalo, que en su vuelo osado hacia las estrellas y el sol, vió consumirse su existencia junto con la cera de sus alas. Pero entonces pienso también en Neil Young cuando decía "it's better to burn out - than to fade away..." (o en su otra versión "...than it is to rust").
Un clásico (y ello por supuesto yendo más allá de cualquier fanatismo mesiánico del rock que no necesariamente comparto), Elvis Pelvis, "My Way".







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martes, marzo 11, 2008

Do May Say Think, "& Yet & Yet"

Un excelente disco de la banda postrock (lo de las etiquetas es siempre un tema) Do May Say Think, & Yet & Yet, del año 2002 y publicado bajo Constellation Records. Se trata de una pieza muy interesante, y ciertamente no melancólico como suelen ser las cosas (muy a menudo pero no siempre) en esto del postrock. Desde luego, cumple con ser instrumental, minimalista (sin tremendos riffs ni solos, nada de eso aquí), y sin embargo cargado de emotividad (sin ser música dramática ni nada por el estilo). Disco que me acompañó en jornadas inolvidables y momentos decisivos. Espero lo disfruten.

http://www.mediafire.com/?hf0ynztx90j









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Un tal Hesíodo

El viejo tópico: todo tiempo pasado fue mejor.
Pero los trabajos y los días aún no han terminado.

lunes, marzo 10, 2008

Harold Budd & Robin Guthrie, "Before the Day Breaks", 2007.




Este es el primer álbum que subo a la web para compartir con quienes gustan de ña buena música, sin que eso implique encasillamiento en estilos ni otros rótulos convencionales.
En esta ocasión se trata de Harold Budd, exsimio músico y productor, otrora miembro de Cocteau Twins, y que lanzó en el 2007, a través de Darla Records, este increíble disco (que se completa con una segunda placa,
After the Night Falls), en asociación con Robin Guthrie, también antiguo miembro de Cocteau Twins. Se trata de un disco precioso y minimalista, íntimo, sereno. No es necesario tener mayor familiaridad con el género Ambient para darse cuenta de que esta obra de arte debería estar presente en cualquier colección musical.

Por cierto, si tienes la posibilidad de adquirir el disco, por favor hazlo, esto es sólo un respaldo del mismo.

Para hincarle el diente, basta con seguir el linK: http://www.mediafire.com/?z41nxmjoccy

Enjoy.

jueves, marzo 06, 2008

a partir de estos datos parece paradójico que Dios existiera -

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Publica el alemán Thomas Vasek un ensayo donde expone las posibilidades de la existencia divina


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EFE
El Universal
Berlín, Alemania
Miércoles 15 de noviembre de 2006

15:40 La probabilidad de que Dios exista es del 62%, según el cálculo realizado por el periodista y ensayista alemán Thomas Vasek a partir de una fórmula creada hace 250 años por el pastor presbiteriano inglés Thomas Bayes.

Con su cálculo personal, Vasek trata de encontrar al menos una salida parcial a un problema que ha ocupado a un sinnúmero de pensadores a lo largo de los siglos.

Los esfuerzos por probar racionalmente la existencia de Dios, según Vasek, han desembocado todos en el fracaso y ya en el siglo XVII Blaise Pascal —que era matemático, físico, teólogo y un jugador apasionado— creía que se trataba de una cuestión ante la que no quedaba otra posibilidad que apostar a ciegas.

Vasek, que sigue de cerca las reflexiones hechas por el físico Stephen D. Unwin en su libro La probabilidad de la existencia de Dios, no se contenta con apostar a ciegas y trata de precisar un tanto la posibilidad de una u otra hipótesis al respecto.

Para ello, Vasek usa el cálculo de probabilidades, disciplina que Pascal contribuyó decisivamente a desarrollar, y expone sus conclusiones en un ensayo que publica la revista científica alemana P.M en su próxima edición.

Como punto de partida, Vasek asume que la probabilidad de que exista Dios es de un 50%, lo que, según admite, es una manera de decir que no se tiene ni la más remota idea de cuál es la respuesta más adecuada, puesto que la hipótesis contraria se asume como igualmente probable.

A partir de ese punto de desconcierto absoluto, se examinan cinco ámbitos de indicios para ver si estos fortalecen una u otra hipótesis.

El primero de esos ámbitos es todo lo relacionado con el origen del universo y, a partir del hecho evidente de que el universo existe, se formula la pregunta de si su surgimiento hubiera sido más o menos posible con o sin la existencia de Dios.

En ello, se ve como “algo más posible” que el universo haya sido creado por Dios a que haya surgido de la nada, con lo que la probabilidad de la existencia de un ser supremo aumenta a un 67%.

En el segundo ámbito, todo lo relacionado con el hecho de que el cosmos tiene un orden, también aumenta la probabilidad de la existencia de Dios. Si las condiciones físicas de nuestro mundo, según Vasek, cambiaran sólo mínimamente, éste colapsaría, lo que sin embargo no ocurre.

“Vivimos en un universo improbable”, dice Vasek, y para hacerlo un tanto más probable —y en vista de que parece existir— opta por aumentar la probabilidad de la existencia de Dios al 80%.

El tercer ámbito es todo lo relacionado con la evolución y allí se ven las dos hipótesis —la de que Dios exista y haya desatado el proceso de evolución o la de que éste sea algo autosuficiente— como igualmente factibles. Esto hace que la probabilidad de que Dios existe no cambie.

El cuarto ámbito —el relacionado con la existencia del bien y del mal moral—, sin embargo, le da un duro golpe a la hipótesis de que Dios existe.

Aunque la evidente posibilidad que tenemos los seres humanos de reconocer el bien aumenta en algo la probabilidad de la existencia de Dios, la existencia del mal le da un duro golpe hasta reducirla al 45 por ciento.

Sólo el último ámbito de indicios, el relacionado con la evidencia de que a lo largo de la Historia ha habido muchas personas que han tenido experiencias místicas y religiosas, hace que la probabilidad de la existencia de Dios vuelva a aumentar hasta ponerse en un 62%.

El resultado de Vasek corrige a la baja el de Unwin, quien en su libro publicado en 2005 había llegado la conclusión de que la probabilidad de que Dios exista es del 67%.

En todo caso, llega a una situación algo más confortable que la de Pascal, que no veía otra salida que la de apostar a ciegas y sólo podía justificar su decisión de creer en Dios diciendo que, de acertar, le esperaba una ganancia eterna, mientras que el riesgo de perder la apuesta era prácticamente inexistente>>



Sitio: http://www.eluniversal.com.mx/notas/388024.html

viernes, febrero 29, 2008









The Spotless Mind

No puedo dejar de traer a colación esta escena. Lo que está en juego no es solamente, por supuesto, el proceso de borrado de una memoria en función de una relación dolorosa, sino el valor de la memoria en sí misma; pero también, quizá más que esto, la huella y el peso del inevitable devenir, del pasar del tiempo. Es también, además, la anticipación a la mortalidad de las cosas. Y es que, inevitablemente, este momento, por feliz y preciado que sea para mí ahora, pasará, y será entonces sólo recuerdo. Y a partir de allí, olvido.

Esto, comprendido con todas sus letras puede sugerir una visión negativa, pesimista de la vida, semejante al existencialismo que afirma que el mundo no tiene sentido, que todo proyecto está condenado al fracaso, que todo muere, que la felicidad no dura y que el infierno son los otros. Y sin embargo, la clave está en el primer diálogo de esta escena: estamos aquí ahora, y más todavía estamos. Pues es eso lo verdaderamente enigmático: que haya mundo, que exista la vida, y que yo esté aquí.

Mientras viva, no debería olvidar esto, como no olvido lo que he sido. Importa el presente.








Como en "Citizen Kane", en que el personaje, antes de morir, evoca lo más apreciado y querido en su vida, el recuerdo de su felicidad más plena en toda su existencia: su primera infancia; así mismo vuelve en "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" Michel Gondry.

El retrato de esa evocación es sobrecogedor.

viernes, febrero 22, 2008


Sintió entonces que era todas las cosas, sus existencias múltiples y separadas, sujeto y objeto al mismo tiempo. Dispersión y no identidad, o identidad plural, nada autoconciente.

Eran los árboles los que, del otro lado de su ventana, lo miraban y lo sentían a él como parte de algo que tampoco eran ellos. El tiempo se detuvo y desapareció al reconocer que no era él, individuo o persona, quien pensaba que estaba pensando.
A partir de allí, sólo restan imágenes para balbucear lo que no es una experiencia: espiral, círculo y repetición sobre mismo. La serpiente Ouróboros - de cuya cola crece para volver sobre sí.
Metáforas imposibles para decir (pero no yo-sujeto) , Soy, Existo, Es. Otredad y yo mismo. Simultáneo. Tú. Ahora.


Y entonces regreso a mí, a mi situación, mi vida, las personas que quiero, mis proyectos, los días de felicidad y la jornada de los años. Soy el nombre que figura en un carne de identidad, lo que otras personas esperan de mí, mis rutinas, mis hábitos, mis ideas personales.

La individuación no me duele cuando admito que existo, que sé que estoy aquí, vivo, y que puedo agradecer por ello (no es a quién lo que importa, pues nuestra representación de dios no existe). Estoy vivo, siendo, y puedo serlo y hacerlo. Debo ser, la vida debe existir. Y en tanto sea capaz de perdurar sobre la tierra,
la misión de cualquier individuo autoracional y práctico es entender que lo otro tiene todo el derecho a existir, y obrar en consecuencia. Derecho que, en definitiva, es la forma en que nos representamos algo que constituye en realidad un deber.






importa volver a casa y trabajar.





[Zoom de Fractal Mandelbrot del tamaño del universo conocido]

jueves, febrero 21, 2008

Discurso del Loco
[escena de Nostalghia, de Andrei Tarkovski
]



¿Que ancestros hablan en mí?
No puedo vivir al mismo tiempo... en mi cabeza y en mi cuerpo.

Esa es la razón porque no puedo ser solo una persona.

Puedo sentir en mí infinidad de cosas al mismo tiempo.

El gran mal de nuestra época es que ya no quedan grandes maestros.

La senda del corazón está cubierta de sombras.
Debemos escuchar las voces que parecen inútiles.

En cerebros llenos de largas tuberías de desagüe,
de muros de colegio, de asfalto y de prácticas asistenciales.
¡Que entre el zumbido de los insectos!

Debemos llenarnos, ojos y oídos... con cosas qué son el principio
de un gran sueño.

Alguien debe gritar que construiremos las Pirámides.
¡No importa si no podemos construirlas!

Debemos alimentar el deseo y estirar los rincones del alma,
como una calle sin fin.

Si queréis que el Mundo siga adelante, debemos tomarnos de las manos.

Debemos mezclar lo que se considera Sano,
con lo considerado enfermo.

¡Vosotros los sanos!
¿Qué significa vuestra salud?

Los ojos de toda la humanidad están mirando al foso...
en donde nos estamos precipitando.

¡La libertad es inútil… si no tenéis el coraje
de mirarnos a la cara,comer, beber... y dormir con nosotros!

¡Es lo considerado sano... lo que ha llevado al Mundo al borde de la catástrofe!

sábado, febrero 16, 2008




Choose Life.


Escenas, jirones de momentos felices. Agradecido de haber estado allí, y esperando que el sol salga muchos días más.
Mis disculpas para quienes figuran en el video si les molestara, y también para quienes no figuran si les desagradase también su omisión.
Preferí quedarme con el escenario, las locaciones, si total, los momentos no han de volver.
Saludos.

PD: música de Mono, "Loco Tracks".
Filmado en Chamiza



"Lazarus", por Porcupine Tree.

Dicen los psicólogos que si un niño ha sido feliz hasta los ocho años, podrá superar las penurias que le vida adulta le deparará. Y quizá sea cierto, pues el retrato de los momentos alguna vez felices servirán como un oasis en las tormentas que tarde o temprano habrán de llegar.

Pues el sol siempre puede salir de nuevo.



Levántate y camina.

viernes, febrero 15, 2008

viernes, febrero 08, 2008



Seymour / Hachiko

Ignorando algunos detalles y precisiones: Fry encuentra el fósil de su perro de hace mil años, Seymour. Recordando con cariño a su antigua mascota, busca volverlo a la vida con la tecnología del año 3000. Sin embargo, antes de proceder con el experimento, descubre que su perro murió a la edad de 14 años, siendo que Fry sólo recuerda haber alcanzado a compartir cuatro años con él. Entonces, se da cuenta de lo desconsiderado de su propósito. Mucho había querido a su fiel compañero, pero sencillamente debe dejarlo ir, pues tras la partida del amo, Seymour había alcanzado a vivir mucho tiempo más - lo suficiente quizá como para decir que suficiente. Así, Fry se dice a sí mismo que nunca lo olvidará, y queriendo quizá consolarse a sí mismo, concluye: "pero él me olvidó hace mucho mucho tiempo".

Un desgarro tenue que se diluye en grietas múltiples.
Haber sido un niño alguna vez.
La espera imposible y menesterosa.
El paso inexorable del tiempo, la mortalidad de las cosas.
"Aunque tome por siempre, esperaré por ti".


Pienso, entre otras cosas en el perro que acompaño mi niñez, el Rocky.


En "Sans Soleil", Chris Marker cuenta la historia de Hachiko, un perro que todos los días dejaba a su amo en la estación de tren de Shibuya, hasta que una jornada éste se va y no vuelve más. Allí también lo espera, hasta el día de su muerte diez años más tarde. En su nombre se hizo una estatua a cuyos pies siempre se deja comida, para la espera eterna.



Origen foto: http://flapyinjapan.blogspot.com/2007/06/hachiko.html


[También yo volveré a la tierra un día.]

Un tren en el mar.


Bella escena de Sen to Chihiro (Spirited Away), de Hayao Miyazaki.

máscara y sombra.

martes, enero 29, 2008




Despertar [A.M.]
logos sympathetikos


No haz de aferrarte al pasado, sino a la luz en tu corazón. Para vivir, a un hombre le basta con fe y esperanza. La memoria debe dar el testimonio de los días luminosos que fueron, y que siempre podrán volver a ser.

[la consciencia es un prisma que puede cambiar su forma.
ergo, la realidad puede cambiar]

martes, enero 15, 2008



swing on the spiral






escenas de una jornada feliz.
un sentimiento sobrecogedor me hizo agradecer en un llanto incontenible el regalo de vivir.
no sé si hay alguien a quien agradecer, pero el problema esta en personalizar lo que es inefable, en imprimir una comprensión antropomorfa a aquello que no se me da más que como pregunta.

que la pregunta sea posible hace milagrosa la certeza de que haya el ser y no la nada.
que haya la conciencia.

la interrogación se diluye cuando el ojo encuentra al ojo.




hay un camino de regreso a casa, pero al volver a ella dejas de existir.
[desde entonces se quedó esta idea que no logro comprender: que al morir, se vuelve a nacer.]

lunes, diciembre 31, 2007

b l i s s


brindo porque al hacer la suma de mis días
encuentro calma y paz.
brindo y doy gracias por los días que se me han concedido
por las oportunidades y los encuentros felices
por el regalo de estar vivo y tener con quienes compartir pan y amistad
y así también brindo por los días en que faltó la luz
porque sólo en la siniestra noche supe lo que vale una vela.

se quede la luz en nuestro corazón para que fulgure cuando sea la penumbra

y brindo por ustedes mis amigos, para que la luz esté también con ustedes
guarde la memoria lo que ha sido
y alumbre la esperanza lo que esté por venir.

domingo, diciembre 30, 2007

"pato estuvo aquí"

Lo que nos empuja es una inclinación en el ser humano. Que entre los instintos y las tendencias básicas de toda persona, también se cuenta esta: la búsqueda de la trascendencia. Lo cual, en definitiva, no se reduce a discursos místicos, filosóficos, religiosos, sino que siendo todas estas más bien manifestaciones complejas de semejante impulso. No es un impulso que pertenezca a la exclusividad de unos iniciados intelectuales.

A su modo, cada ser humano, en la medida que comprende o intuye lo efímero de sus actos, lo perecedero de cualquier relación con el mundo por la brevedad y contingencia de la propia vida. Nada queda de nosotros en los lugares que estuvimos, no más que la memoria. De los pactos del ayer quedan las cenizas y todo lo que un día se espera del porvenir deviene algún pasado y olvido. Nada, ni aún nosotros mismos, queda en lo que ha sido ya.

Nuestros actos son pequeños, la pisada de una hormiga más en el mundo. En veinte años más, este momento se habrá perdido.

Y entonces, tener un hijo, escribir algo, aparecer entre comerciales en televisión, hacer un graffiti en un muro, incendiar Roma o volarse la cabeza, pueden ser todas (quizá) formas de decir: “yo estuve aquí, recuérdenme”: Pues lo único que perdura es la memoria. [Así también en esto tenía razón Hegel: el espíritu se reconoce a sí mismo en la historia].

Que lo que ha sido mi existencia (no por su mera posibilidad ciertamente, sino por su contenido de sedimentos vivenciales míos), perdure más allá de mi muerte. Que lo que he sentido, lo que he visto con mis propios ojos, mis heridas y mis pequeñas victorias, no desaparezcan un día like tears in the rain.

Es ésta la motivación detrás de cada filósofo que quiso pensar una fórmula que contenga en si el sentido del mundo.

Pero, ¿tiene esta inclinación un objeto? ¿Por qué existe?

Una hipótesis es que la cultura sea un instrumento para la conservación de la especie, una conducta intersubjetiva que hace perdurar un legado espiritual y social, y con ello el arte, la religión, la filosofía, la ciencia, la política. Y así, persistiendo la cultura, se sostiene en el tiempo un marco de referencia básico para la continuidad de la vida humana.

Pero, ¿por cómo es posible un fenómeno tal en la naturaleza?

¿Cuál es la finalidad de que haya mayores niveles de conciencia en la naturaleza? ¿Qué clase de fenómeno es la conciencia – o hasta que punto es un fenómeno?

Que haya libertad y que dos personas se entiendan son eventos demasiado extraños como para querer entender todo esto.

Si el sentido de esta inclinación es lo que explica por qué yo escribo, entonces no sé porque es que escribo. Y cuando lo sé, no hace sentido que sea una inclinación: puedo tener certeza sólo de uno de los lados de la moneda, y la paradoja es que puedo elegir cuál.

[Importa la paradoja]

jueves, mayo 31, 2007

start, again


Empezar, de nuevo.
Una vez se ingresa a una tierra desconocida y nueva, y luego de pasar por el asombro y la actitud de pregunta, emerge la necesidad de recomenzar. Formular un nuevo camino, trazar nuevas líneas a seguir. ¿Cuáles han de ser esas huellas que hemos de seguir? Al fin y al cabo, no hacemos más que seguir nuestros propios pasos. Nadie ha recorrido antes esta tierra para nosotros, y entonces cada paso es el primero.
Pero entonces, ¿a donde caminar? En medio del bosque, y aún estando del lado de la luz, la incertidumbre es la misma. Ninguno de esos árboles en la mitad de tu camino te dirá a donde debes ir.

La ansiedad empieza al notar que nunca tienes demasiado tiempo para detenerte en el bosque y deliberar.

Sin estos círculos, ésto no seria vivir.

jueves, abril 05, 2007

Retrato de una Feria de Antigüedades -


Artefactos que alguna vez fueron cosas. Objetos confusos y sin nombre. Distribuidos sobre manteles viejos. Maderos deteriorados en muebles de casas que ya no están para albergar a nadie. Espejos que retrataron lágrimas y rostros felices olvidados de verse a sí mismos.
Teléfonos desahuciados que nunca más habrán de llamar a nadie. Cable cortado que conduce a un silencio dolido bajo un auricular colgado. Frascos y botellas vacías en cristales verdosos y marinos.
Ángeles, relicarios y elefantes que ya ni invocan a la suerte. Cristo huérfano y descolorido en yeso que abre en vano sus brazos, esperando inútilmente estar de nuevo a la derecha de un padre que jamás volverá a ver. Picaportes en óxido que quieren abrir la tierra que los acoge y que será su morada un día.
Revistas que ilustran famas perdidas e insignificantes epopeyas, plasmadas en hojas amarillentas que ninguno osará revisar otra vez.

Ya no está la niña que un sábado por la tarde de una e´poca perdida encontró diversión y compañía en una muñeca plástica y sin ojos.

Observador.


La imagen de una hoja en blanco. Ocupando todo el cuadro, una hoja en blanco. Ese rectángulo y nada más, prolongándose en un silencio inmóvil y sin innovación alguna. De tal modo que el observador se ve obligado a no ver más que el pálido papel.
La imagen es nítida, y si se mira con cuidado, se aprecia un doblez ligero hacia la esquina inferior derecha. Visible apenas como un triángulo equilátero. La hoja no es perfecta, es solo una hoja cualquiera.

En su contemplación sostenida, el observador se inquieta. El observador está sentado tras una mesa de madera antigua, rojiza, exótica. Es un hombre de cuarenta y dos años, calvo y con una miopía compensada con éxito por unas gafas de lentes gruesos. Pupilas desproporcionadas y aún así pequeñas. Permanece absolutamente inmóvil y con los ojos fijos, en expresión inquieta, ansiosa. Tensión apretada en los labios y los dientes. Sus manos están perfectamente paralelas sobre la mesa, acorralando al papel en su rectangularidad insolente.

El observador está tomando un lápiz de tinta negra. Lo está tomando despacio, pero con decisión. El lápiz es un cuchillo. Con el lápiz traza una recta que cruza toda la hoja en diagonal ascendente. Una línea gruesa y firme. Sobre la esquina inferior izquierda, escribe tres palabras obscenas. Bajo ellas, la dedicatoria a un nombre y dos apellidos. Los dos apellidos son los suyos. El nombre es también masculino.

El lápiz no era un lápiz, sino un cuchillo. El trazo es un corte sobre su frente. El observador calvo y miope de unos cuarenta años de edad, corta su frente con algo que no es un lápiz, sino un cuchillo. El trazo sobre su carne mana sangre y escurre profusa hasta su mejilla izquierda. Los ojos del que observa no entran en pánico ni expresan perturbación alguna. Sus pupilas pequeñas miran de frente. Sus labios pronuncian un nombre y dos apellidos. Los dos apellidos son los suyos. El nombre es también masculino.

El papel sobre la mesa comienza a arder por sí sólo. Pero no todavía, sino que después de una espera breve. Lenta. Hasta ahora. Desde la esquina superior derecha, el papel se enciende. Ahora. Apenas una llama leve que pronto asedia al rectángulo completo. La hoja en combustión está en blanco y nada se ha trazado sobre ella. El papel inmaculado es pronto una figura retorcida y negra en bordes rojos rodeados en llama.

Detrás del fuego y sentado, el observador, como ignorante de las llamas delante suyo, no hace nada. Fijo en mirar la sombra y el vacío más allá de una puerta abierta frente a él. Silencio que se prolonga.

Sobre la mesa no hay ni nunca hubo nada. Nunca hubo el papel en llamas. Tan sólo una superficie rojiza de madera antigua, rojiza, exótica. Sólo esa imagen, la madera, sostenida por un tiempo exagerado. Sostenido tiempo exagerado.

Abajo, la pata izquierda más distante del que observa, arde en llamas. El suelo es un charco de agua. Se incendia y el observador insiste sobre el vacío con esa puerta abierta delante de sí. Toda la mesa es la que se incendia, un mueble en llamas inflamadas de cólera en una habitación roja. Dos manos paralelas sobre una mesa flameante y es cólera y el observador en una mueca de aullido negro pero no se escucha nada. Sus ojos también son llamas y su gesto es horrible. Sus manos paralelas sobre la mesa pero él no está en llamas. El suelo de la habitación roja es un charco de agua pero un mueble arde en azufre.

Y a un costado de la figura de fuego, hay una silla vacía y se escucha un alarido salido de las tripas de un hombre que no está en el cuadro. El aullido es desgarrador y expresa dolor y rabia. Sufrimiento soterrado que sin haber nadie en la habitación, incendia un mueble sobre un charco de agua y con muros carmesí en segundo plano, sostenido por impacientes segundos.

Y el cuadro completo - las llamas, la silla vacía y las murallas en rojo -, desaparece. A la cuenta de uno, dos, tres.

martes, marzo 20, 2007

El Samaritano

He ahi al buen hombre, el samaritano. Caminando temeroso y sin prisa delante mio. Uniformado en su pobre traje terracota de domingo. A la izquierda de su corbata amarilla, desde más abajo de uno de sus brazos sin fuerza para nada, pende una guitarra enfundada y cargada de canticos a Cristo el Rey.

Sonrie, puedo verlo. El mismo gesto que comparten todos quienes entonan con él sus glorias desafinadas y sus alabanzas repetidas. No hay duda dew que nadie toca como él esos do-re-mi-fa-sol con olor a iglesia y culpa. Sonríe.

Más bajo la mueca es visible el gusano, merodeando tras las órbitas de sus ojos, una comezón en la pierna, el sudor infecto que emana de sus manos. Es a él, al gusano, y no a su padre celestial, a quien dirige sus canciones, como si fueran conjuros para deshacerse de la aberración que siente hormiguear bajo esa ropa beatificamente planchada por su Sor Esposa. Como si entre el "cordero de dios" y el "santo-santo-santo", la bestia entrara en un trance espasmódico y dejase por fin de asediarlo por las noches en los incestos oniricos que al otro día prefiere no recordar. Y hasta se alcanza a sentir verdaderamente libre cuando esa gente que no le importa le estrecha una mano de plástico en el saludo de la paz.

jueves, marzo 15, 2007

"Qué sabes tú de cordillera . . .

1.
no sabe de luz quien no ha estado en la penumbra de sí mismo.
en el reverso, la obliteración, lo torcido y lo quebrado en sí mismo y abierto sobre sí.
conocer es desaprender. caminar hacia atrás. hacia abajo.


2.
ojo omnisciente y ciego que te sumerges en mí. pasos sordos que me conducen a tu noche por callejones sin ventanas ni veredas, laberintos sombríos abandonados por el mundo.

Descender las escaleras, tomar la llave y girarla despacio en la cerrradura. Tomar a dos manos el picaporte de hierro. La puerta gime y se abre como boca profunda y sin dientes. Respirar helado y descender gutural sobre sí mismo, sobre sus vertebras y sus dedos, inmersión congelada y lenta hasta los aticos y los respaldos de las sillas, las alfombras y sus huellas invisibles, tras las ventanas, bajo las raíces de los árboles y sobre los tejados del mundo.
Caído y entonces abierto en dos, sangrado sobre una simetría mórbida, sin centro ni forma.

En un desorden de gimoteos deformes y sordos que no son un lenguaje, los seres abisales entonan cantos tristes y lánguidos. Se comunican con orejas generosas y amables que son nimbus y estratos.

Secreto antiguo y perverso atesorado bajo todo el césped y el musgo del mundo.
Esparcido y derramado.
Luz negra que recuerda al sol.
Caer sobre sí desde sí, espiral como buitres incansables sobre el primer castigado.


3.
Y desde allí, emerger.
Párpado y pupila que se rinde a la mañana.
Descanso y cicatriz.



Emerger.

jueves, marzo 08, 2007

Saturno el Niño.

Saturno el niño jugaba en los pastizales verdes a pampa y chacai en una pradera perdida en una ciudad del pasado. Vociferando y corriendo sin pausa tras su hermano Matías el menor, con apenas cuatro años, uno menos que él. Corre tras él, con mirar no menos malicioso que inocente, ansioso e incansable hasta capturarlo por el cuello. Y en un sólo ademán son una masa inquieta en el suelo, bracitos blancuchos que se empujan a risotadas y manotazos improvisados y ligeros. Saturno el niño, sin siquiera pensarlo dos veces, se sube de un empellón sobre Matías el menor, y le hace comer con júbilo el pasto agusanado que hubiese tomado a manos llenas del césped pisoteado en esa loma que yace hoy bajo casas repetidas como lápidas y enrejados mal pintados.

La madre encolerizada castigó esa tarde por eso a Saturno el niño. Y tuvo él que contener sus pequeñas y dolidas lágrimas, para que sus primos no se rieran porque sólo ellos podían comer del kuchen de la abuela esa tarde.


Escenas Comunes.

Primer Acto.

Cuadro que irrumpe en niños que ríen corriendo apresurados unos tras de otros en una ronda involuntaria y breve sobre un espacio amplio y verde. Mano blanca y femenina que reposa sobre un prado hirsuto y amarillento. Circunferencia visible y anular en ella, delgada y con el nombre de un varón grabado en oro de 24 kilates. Sobre la mano y en continuidad, un brazo ligero y grácil. Lana de alpaca bordada en crema que se ciñe al cuerpo.
Primer plano de unos ojos castaños y atentos, luminosos, fijos en un punto desconocido y distante. Los niños. Unos sobre otros y risas, pies que trazan medios círculos en el aire, trenzas y cabellos cortos oscuros y erizados, zapatillas entierradas y pies descalzos.
Por sobre el montón de risotadas infantiles, atrás y al fondo, un bosque profundo y gallardo de cipreses. Escalonados unos tras otros en una colina escarpada. Silencio frágil y leve entre esos troncos vetustos. Cuadro cerrado sobre una corteza antigua y marcada en promesas de amores idos, grabados a cortaplumas en el tronco de 42 metros de altura, falange anular de una mano frondosa y múltiple que emerge de la tierra negra. Sobre la corteza, tránsito ordenado de hormigas diligentes y condicionadas por una fuente azucarada y frugal, destino secreto y remoto en algún lugar de su planeta ciprés.


Acto Segundo.

Silencio. Cuadro azul cruzado por blanco en trazos débiles y torpes. Cirruestratos que reposan sobre sí mismos, suspendidos como lámparas de algodón en la cuenca profunda. Pausa y luego escena que se desplaza. Cúmulos que ascienden en gesto contrario al cuadro, hasta capturar una línea imperfecta, recta y vertical hacia el marco inferior, rama y hojas en racimos desiguales y llenos. Extremidades vegetales y antiguas, en diagonales a partir de un eje que debe imaginarse bajo claroscuros inquietos y menudos. Incontables.
El cuadro retrocede y ya no es uno, sino tres y siete y tantos follajes que se imitan y se asedian entre sí en un mirar sin ojo, contínuo y sin pausa. Vigilia permanente, inmóvil y plural.
Manos de madera acariciadas con las yemas de una brisa gentil y fresca que se quiebra contra los nudos enmohecidos y deformes.
Y sobre una corteza cualquiera, una hormiga negligente no espera nada. Cuadro que se detiene en un plano estático y paciente. Y nada más ocurre mientras se va a negro en una pausa prolongada y cómplice.


Tercer Acto.

Agua y orilla. Laguna. Al costado izquierdo y a unos veinte metros, una familia reunida en segundo plano. Niños en torno a padres y tíos sentados que trazan una medialuna de espaldas al cuadro. Primer plano. Pantalones infantiles de cotelé, limpiados de pasto y tierra por mano cuidadosa, maternal y abierta. De fondo el sonido de agua sobre agua. Proyectada con vigor hacia el cielo y que estalla por sobre una arboleda pequeña y lejana. Imagen que desciende hasta la superficie especular, y una diagonal aletea rauda de derecha a izquierda en forma de paloma. Superficie que es agredida por miles de esferas diminutas y cristalinas en cámara lenta. Cinco segundos.

Orilla. Línea horizontal y de ladrillo y hierba ocupando el primer tercio de un cuadro sin movimiento propio. Reflejo indescifrable en verde oscuro cruzado por blanco y negro, que ocupa los otros dos tercios. Sombra generosa que se distribuye sobre una hierba profusa y conquistada por poblaciones de treboles dóciles y pisoteados. Agua sobre agua y sonido distante de una niña que protesta con alevosía. Réplica materna drástica e incontestable. Silencio. Dos segundos. Llanto que irrumpe sin mesura ni vergüenza, protesta reiterada que se balbucea en gimoteos angustiosos e ininterrumpidos. Primer plano de un pie pequeño que pisotea encolerizado un cesped que no tiene la culpa. Zapatito café y medias blancas rematadas en encajes. Flor rosada que se dibuja en cuero nuevo. Llanto y acercamiento sobre una mano masculina que se toma la cara en movimiento hastiado y breve que se desplaza hasta la cima de una cabeza engominada y brillante. Anular anillado en oro que se toma los cabellos en gesto contenido.
Voz masculina y paciente que intenta apaciguar en explicaciones pueriles y repetidas al zapato iracundo. Pie que cae al suelo. Y son entonces cuatro extremidades que golpean al piso rabiosa y descompasadamente. Voz pequeña que insiste sobre un deseo prohibido y cerrado como una puerta, que se otorga quince minutos más tarde bajo la forma de un cono invertido, grasiento y de vainilla.


Epílogo.

Tierra amarilla y polvorienta que ocupa un cuadro entero y próximo. Sombra impertinente que interrumpe en diagonal en la esquina superior derecha. Ademán débil. Cinco segundos.

Bastón. Gastado y de madera anaranjada, picado por el contacto árido y reiterado. Mano sobre el bastón. Sin anillar. Asida con fuerza y necesidad. Puño octagenario y débil. Comisuras consumidas entre los pliegues de trazos multiplicados y discontinuos. Piel manchada en tonos marrones. Dedos nudosos e hinchados. Brazo menudo que atraviesa horizontal parte del cuadro.

Agua que cae sobre agua. Todavía. Orilla, y tras de sí y hacia la izquierda, bosque, sombra y espera. Silencio y brisa que se toma todo su tiempo en un atardecer de aquellos. Sol que juega a esconderse sobre ramas y troncos hechos manos huesudas hacia el cielo.

Cabello cano y escaso en corta trenza que da la espalda al cuadro. Cataratas y ojos gastados, ojeras confundidas en zurcos ascendentes. Herencia de una figura materna que se recuerda en un llanto quedo y sin lágrimas. Mano que ya no aprieta el bastón. Sólo espera. Mirada fija sobre una superficie agredida por gotas cristalinas en una definición que esas pupilas ya no volverán a capturar. Destellos solares y claroscuros difusos. Imagenes que se niegan al cuadro, pero que conmueven a un mirar triste que ha vivido. Siete segundos-

Silencio sobrecogedor que diluye en negro un cuadro inmóvil sobre una figura pequeña, que fija su memoria en una superficie cualquiera. Silencio que cae sobre silencio. Espacios vacíos a no regresar.
Espera, soledad y silencio.





jueves, febrero 22, 2007

invierno en verano.

sentí de súbito
como si algo ante mí se hubiese manifestado
mudo e invisible
expresándose en silencios y sincopado por gaviotas
matizado por boteros en el agua
los remos en un tiempo lento e irregular.

tonos grisáceos y nubes lánguidas en el cielo
a contraste con el lomo de una isla triste y de nadie.

reflejos improvisados de aves raudas
sobre las costillas de un mar durmiente
en llamas azules y secretas.

música que muere olvidada
voz que no se escucha
ojos transeúntes sordos y estúpidos.